<<Mi trabajo era enseñar a los niños a leer, escribir, sumar y restar. Yo, como otras maestras teníamos la idea de que los niños debían entender el significado de las cosas, y no sólo memorizarlas y repetirlas como pericos. Ésa fue mi vocación y estuve siempre abierta a los cambios y métodos más novedosos para la enseñanza. >>
¿Los libros tenían más hojas que los de ahorita y qué materias se enseñaban?, preguntó Efigenia Gómez, María Cecilia Gigdem Riverón y Julio González Rueda A. (13, 8 y 8 años)

Cuando comencé a dar clases, eran menos las materias que llevaban los alumnos de primaria; pero, después del Primer Congreso Pedagógico, a fines del siglo XIX, las cosas cambiaron. A partir de entonces, mis alumnos llevaban las siguientes materias: moral, civismo, lengua nacional (escritura y lectura), lecciones de cosas (los fenómenos y el funcionamiento de las cosas que ocurrían alrededor del niño), aritmética, ciencias físicas y naturales, geometría, geografía, dibujo, canto, gimnasia y labores manuales.

Cada materia tenía su propio libro de texto, y el más importante era el de lectura, que contenía fábulas, relatos, biografías y descripciones de algunos objetos, como el telescopio o el teléfono.

¿Cómo tratabas a los niños?, ¿eran groseros o traviesos?, preguntó Cristina Graciela Riverón Meléndez y Hiram Yael Campos Gómez (13 y 15 años)

Dentro de un salón de clases siempre va a haber niños traviesos, estudiosos y algunos groseros. ¿Tú, cómo te portas?

En mis tiempos, una de las cosas más importantes era la disciplina, para lograr que los niños estuvieran en orden y se portaran bien, los maestros los castigábamos, sólo que los castigos eran muy diferentes a los que ahora acostumbran los maestros. A los niños que no sabían la lección se acostumbraba ponerles orejas de burro, y a aquellos que se portaban mal, pegarles con unas palmetas en las manos o mandarlos encerrar a cuartos aislados para que aprendieran. Sin embargo, para fines del siglo XIX, se estableció en el reglamento de las escuelas que no se debía hacer esas cosas, aunque hubo algunos maestros que siguieron haciéndolo; a mí nunca me gustó hacerlo.

¿Estudiaste para ser maestra?, preguntó María Cecilia Gigdem Riverón (8 años)

Es importante que sepas que después de la Independencia, la mayoría de las escuelas eran dirigidas por religiosos; por eso, en 1833 el presidente Valentín Gómez Farías estableció las primeras escuelas normales, con el fin de formar maestros laicos, como yo. Sin embargo no se pudo hacer, sino hasta la reorganización escolar alrededor de 1871 con la fundación de las Escuelas nacionales. Con esto te quiero decir que estudiábamos, pero éramos pocos maestros para la cantidad de niños que había en México.

¿Cuáles fueron los métodos más novedosos en esa época?, preguntó Dulce Gabriela Riverón Meléndez (14 años)

Uno de los métodos más novedosos para fines del siglo XIX, durante el Porfiriato, fue la llamada enseñanza objetiva. El método decía que los alumnos debían aprender primero el nombre de las cosas y su significado antes que las palabras. Esto significaba que se les enseñaba a pensar en vez de sólo memorizar sin entender lo que decían, es decir, sólo repetir como pericos. Por ejemplo, la aritmética ya no se enseñaba memorizando las tablas, sino que se utilizaban canicas, colorines, palitos o el ábaco, y una vez que entendían el funcionamiento de las tablas, entonces podían memorizarlas.

¿Te daban regalos del día del maestro?, preguntó María Cecilia Gigdem Riverón (8 años)

No existía una celebración del Día del Maestro, pues el primer festejo de este tipo fue el 1917, aunque mis alumnos me daban regalitos el día de mi santo.

¿Les enseñaban a los ricos y pobres por igual?, preguntó Dulce Gabriela Riverón Meléndez (14 años)

La ley decía que la educación era para todos los niños, pero los que vivían en el campo o que sus padres eran de escasos recursos muchas veces no asistían a la escuela porque era más importante para la familia que ayudaran en la casa y no que estudiaran. También sucedía que los alumnos en tiempos de siembra o de cosecha no iban a clases.

Otra cosa importante es que no había tantas escuelas como para atender a todos los niños, así que eran pocos los privilegiados.

Como sucede hoy en día, también existían escuelas privadas a donde asistían los niños cuyos padres podían pagarlas. Ahí adquirían más saberes o materias que los alumnos de escuelas públicas, como idiomas y dibujo.

¿Puedes decir si la educación era más completa en su época o la nuestra?, preguntó Dulce Gabriela Riverón Meléndez (14 años)

La educación y la pedagogía están en continuo cambio, pues los estudiosos están todo el tiempo investigando cómo hacer para que los niños aprendan mejor y desarrollen sus capacidades al máximo. Así que, seguramente en tú tiempo la educación será mejor que en mi época.

Mi mamá nos cuenta de cosas chistosas que le pasan en el salón. ¿Usted tiene anécdotas chistosas o tristes cuáles son?, preguntó María Cecilia Gigdem Riverón (8 años)

Una de las cosas que recuerdo con mucho cariño es que hubo ocasiones en las que el presidente Porfirio Díaz asistió a la escuela a dar los premios de fin de año.

También, me tocó participar, en septiembre de 1910, en las fiestas del Centenario de la Independencia, particularmente en La Jura de la Bandera. Nos reunimos muchas escuelas en el Zócalo de la Ciudad de México para que los niños hicieran La Jura a la Bandera y cantaran el Himno Nacional. Fue muy emocionante participar de este acontecimiento, y como seguramente lo será el que ahora tú podrás presenciar en el 2010, cuando se celebren 200 años de la Independencia.

¿Los niños y las niñas estudiaban lo mismo?, preguntó Miguel y Maria José Mendoza (10 y 9 años)

Recuerda que en mis tiempos las mujeres debían permanecer en su casa cuidando de su marido y sus hijos; entonces, puede decirse, que no se buscaba educar a las niñas para que fueran capaces de trabajar fuera del hogar, sino para que fueran buenas esposas y madres. Por eso se les enseñaba a leer y escribir, a hacer cuentas y "labores mujeriles", como la costura.

¿Qué leían los niños?, preguntó José (10 años)

Lo que les recomendábamos leer a los niños eran fábulas, biografías de hombres ilustres y vidas de santos para que aprendieran a comportarse e imitaran la vida de estas personas.

También había muchísimas revistas y periódicos dirigidos a los niños para que a través de la lectura aprendieran la importancia del trabajo, la educación y los valores, y así convertirse en personas de bien.

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